2 de junio de 2010

Carta de un misionero español al New York Time



CARTA DE UN MISIONERO ESPAÑOL AL NEW YORK TIME
Abril, 2010

Querido hermano y hermana periodista:

Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi
vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de
ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No
hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no
puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo
tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención
de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la
ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida
de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la
década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros
casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas
presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras
amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.

¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de
sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y
los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a
vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que
transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños
desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se
disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que
enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra
y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de
personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así
como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la
oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000
niños... No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que
socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los
acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no
llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un
sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad
de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de
acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen
cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas
de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta
violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80
años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No
es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos
hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una
leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños
acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida,
en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en
centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y
misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos
jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo
a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que
el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a
las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la
calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de
socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por
los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio
de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la
región…Ninguno pasa los 40 años.

No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote
“normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías
consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino
simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó
en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que
crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los
sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple
hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos.
Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también
belleza y bondad como en cada criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema
perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas
ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.

Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y
la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.

En Cristo,

P. Martín Lasarte sdb

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