5 de julio de 2010

La experiencia de Haití, en mi vida, es imborrable

Mary Luz Pastor, religiosas de las Terciarias Capuchinas de Jinámar, comparte brevemente con nosotros, su paso de tres meses por Haití. 

En qué momento y por qué decidió ir a Haití
La iniciativa fué viendo la televisión y ver semejante dolor, de las personas. Pedí permiso a los superiores, si podía ir para ayudar algo. Solo te digo que me vida quiere ser servicio con los más necesitados y en este momento creo que era ese pueblo. En cuanto me dieron el permiso, hice los trámites en el trabajo y pedí permiso sin sueldo (trabajo en el ambulatorio de Telde, de enfermera). Por otra parte dejé arreglada las actividades de la parroquia. Después de todas estas gestiones, saqué el billete y para Haití. Me marché con otra hermana de esta Comunidad.

En qué consistió su labor 
Mi labor era de muchas maneras: desde quitar escombros, poner lonas para hacer un aula y un pequeño dispensario, hasta dar clase de español. Estaba a 52Km de Puerto Príncipe, en este pueblo había unos 40 jóvenes que querían aprender el Idioma, para salir del país.

Después de varios meses de esta tragedia, se ve algún progreso en el pueblo haitiano.
La tragedia sigue igual, los escombros sin quitar, muchos muertos sin reconocer, creo que falta un poco de organización entre las organizaciones.
La Iglesia si está jugando un papel muy importante, las ayudas económicas que les llegan, si te digo que llegan al pueblo. 
Hace el papel de misericordia, y del samaritano, todo esto sin hacer mucho ruido, trabajo silencioso pero activo y eficaz.
Lo que más me impresionó, por un lado, el caos del País (casas derruídas, escombros por todas partes, no hay agua, luz, allí se cocina con carbón...)
Por otra parte lo que más me duele y me impresiona, es el dolor de la gente y cómo reconstruir su identidad de persona.  Se está intentando reconstruir casas, pero y a la persona, cómo se recontruye. Ese dolor, de quedarse sin nada, de perder a sus seres queridos, de qué país le van a dejar a sus hijos. 
Esos ojos precisos sin expresión o la expersión de angustia, para mí, creo que lo más importante en este momento es la reconstrucción de la persona.

Qué ha supuesto esta experiencia en su vida 
La experiencia en mi vida es imborrable, he aprendido, y no lo entiendo en pleno siglo XXI vivan personas de este modo. He aprendido a rezar con nuevos ojos y con rostros que tienen nombres y apellidos. He aprendido que el idioma es importante, pero más importante son los gestos, el abrazo, el dar la mano, el saludo, el poner el hombro donde otro pueda llorar. (Había un niño al que todos los días le daba un pedacito de tiza y lo enseñaba a todo el mundo, luego cerraba la mano y lo guardaba como un tesoro).
He aprendido a valorar lo pequeño, lo cotidiano, a dar las gracias a Dios cada día por lo que tengo, y también a dar constantemente gracias.
 
Hna. Mary Luz Pastor, Terciaria Capuchina
Delegación Diocesana de Misiones





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