29 de diciembre de 2011

Situación de la Infancia en América


América es un gran continente en cuanto a su extensión y a la riqueza humana y cultural que cobija en sí mismo. A la vez, es una región en la que se dan también grandes contrastes: entre el norte y el sur del continente, entre la población que vive en núcleos urbanos y la rural, entre zonas y grupos sociales desarrollados y otros en vías de desarrollo, o entre los que llevan un estilo de vida occidental y los pueblos nativos. Lógicamente, todo ello afecta a la infancia de múltiples maneras, a las condiciones en las que vive y en las que se desarrolla su educación humana y cristiana.
En el magisterio de la Iglesia referente a este continente aparece la preocupación por la situación de la infancia. La exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in América afirma que: “Los niños son don y signo de la presencia de Dios. […] Con razón los Padres sinodales lamentan y condenan la condición dolorosa de muchos niños en toda América, privados de la dignidad y la inocencia e incluso de la vida” (n. 48). Asimismo el Documento de Aparecida describe dicho estado de cosas con estas palabras: “Vemos con dolor la situación de pobreza, de violencia intrafamiliar (sobre todo en familias irregulares o desintegradas), de abuso sexual, por la que atraviesa un buen número de nuestra niñez: los sectores de niñez trabajadora, niños de la calle, niños portadores de HIV, huérfanos, niños soldados, y niños y niñas engañados y expuestos a la pornografía y prostitución forzada, tanto virtual como real” (n. 439).

La pobreza en América Latina y el Caribe
Los resultados de un estudio de 2008 de la CEPAL y UNICEF son preocupantes, ya que muestran que alrededor del 45% de la población menor de 18 años vive en situación de pobreza, lo que afecta a casi 81 millones de niños, niñas y adolescentes que sufren privaciones en seis grandes dimensiones, vinculadas a derechos fundamentales específicos de los niños como: 1) nutrición; 2) acceso al agua potable; 3) acceso a saneamiento; 4) condiciones de la vivienda; 5) acceso a educación; y 6) acceso a información.
La pobreza en América Latina y el Caribe se manifiesta en que 2,3 millones de niños tienen bajo peso para su edad y 8,8 millones de niños están afectados por la desnutrición crónica. En la región coexisten problemas de ingesta insuficiente de alimentos (pese a que la producción regional triplica las necesidades de sus habitantes) y desequilibrios en la composición de la dieta. Se han registrado avances en la lucha por reducir la desnutrición infantil; aun así, en la actualidad, alrededor de 2,3 millones de niños de 0 a 4 años se ven afectados por niveles de desnutrición global moderados o graves. También la heterogeneidad de situaciones nacionales es relevante, ya que estas van desde menos de un 3,5% hasta porcentajes superiores al 10%.


En América Latina y el Caribe 4 de cada 10 niños de zonas rurales se enfrentan a privaciones vinculadas a las inadecuadas condiciones de las viviendas que ocupan. Respecto a las privaciones asociadas a la habitabilidad de la vivienda, en la región 11,1 millones de niños se ven afectados de forma severa por las condiciones inadecuadas de esta, a los que se suman 32,1 millones que sufren una privación moderada. La privación en materia de vivienda es generalizada en algunos países. En referencia al acceso al agua potable, 22 millones de niños latinoamericanos y caribeños se ven perjudicados, ya sea de forma moderada o grave, por un acceso deficitario al agua potable. La falta de acceso y de calidad de los servicios de agua y saneamiento se relaciona de forma directa con la morbilidad, desnutrición y mortalidad infantil. En la región el problema del saneamiento está más extendido que el del acceso al agua potable: un 9,4% de los niños (16,8 millones) padece privaciones graves al respecto, es decir, no cuenta con un sistema de evacuación por alcantarillado, lo que contamina su entorno inmediato. Otro 16,3% sufre privaciones moderadas, ya que sus mecanismos de eliminación de desechos son inadecuados.
Por último, en lo que se refiere al acceso a la educación y a la información, los niños indígenas y afrodescendientes presentan en mayor medida carencias relacionadas con estos campos. Los grandes avances registrados en la región en cuanto al acceso a la educación permiten afirmar que en este ámbito es donde se registra la menor proporción de niños con privaciones: menos del 1% nunca ha asistido a la escuela, aunque en términos absolutos su número no es despreciable, ya que se trata de 1,4 millones de niños. Por otra parte, el 5,6% de los niños de la región ha abandonado la escuela (10 millones), con el riesgo de incorporarse desde temprano al mercado laboral. Las principales desigualdades con respecto al acceso al sistema educativo se relacionan directamente con la situación socioeconómica del hogar, el lugar de residencia y el origen étnico. Sin duda son los niños de mayor edad los que en mayor proporción han abandonado la escuela, 14,5%, cifra que aumenta al 23,3% en las zonas rurales.



Maltrato y trabajo en edad infantil
Hay en Latinoamérica y el Caribe 40 millones de menores de 15 años que sufren violencia, abusos y abandono en la familia, la escuela, la comunidad y las calles. Con una población de más de 190 millones de niños, además de ser una de las regiones más desiguales del mundo, es la que posee los mayores índices de violencia, que afectan sobre todo a mujeres, niños y niñas. La violencia contra los menores de edad en el interior de las familias se manifiesta aquí principalmente por medio del castigo físico como forma de disciplina, el abuso sexual, el abandono y la explotación económica. El análisis de las denuncias permite concluir que, en la mayoría de los casos, los abusadores son conocidos por las víctimas y, en una proporción importante, son familiares. Se observa también que el maltrato físico es mayor cuanto menor es la edad del niño. En cuanto al abuso sexual, este se presenta, en general, cuando las víctimas, principalmente las niñas, tienen de 7 a 11 años. En la mayoría de los países se constata que aproximadamente el 50% de los menores reciben algún tipo de violencia física. También es habitual el maltrato psicológico, que, por lo general, no es identificado como violencia propiamente dicha, ya que, al igual que la violencia menos grave, se pretende justificar como una forma de educación.
Un total de 19,7 millones de niños y adolescentes trabajan en América Latina. La proporción de niños trabajadores alcanza casi el 20% del total en el caso de menores con edades comprendidas entre los 12 y los 14 años, una etapa fundamental de la infancia, ya que es a estas edades cuando se decide, en buena medida, el futuro de los niños (al final de la escuela primaria y el comienzo de la secundaria). Por supuesto, estos valores medios a menudo ocultan situaciones más alarmantes todavía. De hecho, existe en la región un grupo de países en los que uno de cada cinco niños de 10 a 14 años trabaja. Es necesario reseñar aquí la gravedad de las peores formas del trabajo infantil, es decir, aquellas que ponen a los niños en mayor peligro: en América Latina, alrededor de 6,9 millones de niños, es decir, 1 de cada 3 niños trabajadores, están empleados en este tipo de trabajos.


En los países desarrollados
La descripción del cuadro de la pobreza en América del Sur y el Caribe no debe hacer olvidar que también en los países desarrollados la situación de la infancia es preocupante. Por ejemplo, en Estados Unidos la tasa de pobreza infantil entre el año 2000 y el 2009 ha crecido un 18%, situándose en los niveles de los años 90. Esto significa que en 2009 el 42% de los niños, o sea, 31 millones, vivía en familias con ingresos por debajo del nivel federal de pobreza; en ese periodo ha crecido en 2,4 millones. Además, los niños sufren también las consecuencias de la crisis internacional, ya que en el año 2010 el 11% de los niños (8 millones) tenían al menos uno de los padres sin empleo. Aunque también hay diferencias según el grupo social y étnico, porque, por ejemplo, la crisis hipotecaria ha agrandado la brecha, ya enorme de por sí, en la propiedad de la vivienda. Entre 2005 y 2008, la tasa de ejecución hipotecaria entre los negros y los latinos era más o menos el 170% de la de los blancos y los asiático-americanos.
Otra lacra de la sociedad son los abusos sexuales. Según un estudio, el 15% de los adultos manifiestan que sufrieron abusos sexuales cuando eran niños (el 21% de las mujeres y el 9% de los hombres). El 43% pensaba que el abuso sexual infantil es un “muy” o “bastante” grave problema. Existe un amplio reconocimiento de que los niños son más propensos a sufrir abusos por parte de un adulto miembro de la familia (47%), un amigo de la familia o un vecino (19%); el 6% piensa que por un niño mayor o adolescente, y un 5% por un ministro religioso. Casi la mitad desearía participar en un programa de formación para reconocer y responder al abuso sexual infantil. Una abrumadora mayoría (69%) piensa que los adultos, más que los niños (6%), deben tomar la responsabilidad de prevenir esta terrible lacra.

Extraído de la Revista Illuminare nº 384 Enero 2012





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