11 de octubre de 2012

50 Aniversario del Concilio Vaticano II

Hoy se celebra 50 años de la inauguración del Concilio Vaticano II, de él afirma el Papa que, "con la participación de tantos obispos de todos los rincones de la tierra, fue un signo brillante de la universalidad de la Iglesia [...] Ricos de una experiencia que tenían por ser pastores de Iglesias jóvenes y en vías de formación, animados por la pasión de la difusión del Reino de dios, ellos contribuyeron significativamente a reafirmar la necesidad y la urgencia de la evangelización ad gentes, y de esta manera llevar al centro de la eclesiología la naturaleza misionera de la Iglesia". Desde la atalaya de estos 50 años, se puede contemplar la universalidad de la Iglesia por primera vez reflejada en un Concilio Ecuménico.
Si la presencia de obispos de todos los continentes mostraba la catolicidad, la reflexión teológica también era puesta en evidencia en sus principales documentos. La constitución Lumen gentium expresa la reflexión de los Padres Conciliares sobre la Iglesia como misterio y misión; misterio de amor y misterio universal. No hay fronteras para el anuncio del Reino. A ello se añaden las grandes aportaciones de la constitución Gaudium et spes, en la cual la Iglesia anticipa proféticamente las transformaciones de la humanidad y, en la fuerza del Espíritu, discierne el tipo de presencia y de misión exigidas por los nuevos tiempos. Por fin, toda esta dimensión misionera se sistematiza en el decreto Ad gentes, "en el que la Iglesia, reconociéndose como esencialmente misionera, individualiza los contenidos esenciales del kerigma, la naturaleza de la actividad evangelizadora, la metodología, los destinatarios, las relaciones con las culturas y las demás religiones, y los sujetos de la misión" (Card filoni).
Obras Misionales Pontificias desea contribuir al reencuentro con las enseñanzas conciliares para descubrir su actualidad y la influencia que han tenido en lso posteriores documentos sobre la misión ad gentes. Entre otros puntos cabe destacar:

1. El origen trinitario de la misión, su valor eclesial, una clara noción de "misión" y su perenne necesidad, que reclama la cooperación de todos. De hecho, el primer capítulo se inicia con el famoso texto: "La Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, en cuanto ella tiene origen en la misión del Hijo y en la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre" (AG 2).

2. Se reconducen las "misiones" a la "misión" ("repatriación de las misiones en la misión de la Iglesia") y se reconoce la prioridad de la misión respecto a la Iglesia: no es la Iglesia la que hace la misión, sino que es esta útlima la que constituye la esencia misma de la Iglesia. 

3. Las "misiones" no se determinan en base a un criterio jurídico o territorial, sino socio-antropológico, y se da a la misión un alcance mucho mayor que el geográfico, ara abarcar toda situación humana y social que debe ser iluminada por luz del Evangelio y transformada por la gracia de Dios.


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