11 de octubre de 2012

El año de la Fe en clave misionera

El Año de la Fe, al que somos convocados por Benedicto XVI, es “una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo” (PF, 6). 


Desde Obras Misionales Pontificias invitamos a la lectura de la Carta Apostólica Porta Fidei desde la clave misionera. Para ello nada mejor que adentrarnos en su texto y descubrir que la invitación a la conversión al Señor pasa necesariamente por la renovación del “impulso a evangelizar”

La actualidad de la evangelización, bajo sus diversas formas, es siempre una interpelación a ser misioneros del Evangelio. “Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19)”. El mandato misionero, confiado a la Iglesia, sigue siendo “siempre nuevo”. Es verdad que la convocatoria a la Nueva Evangelización, en cualquiera de los continentes, está alcanzando una notoriedad por razones justificadas, pero ésta no podría realizarse sin la experiencia multisecular de la misión ad gentes que tiene como prioridad el primer anuncio. Tal vez la novedad sea dotar a la acción evangelizadora de la Iglesia en escenarios específicos de un nuevo ardor, con nuevas expresiones y renovados métodos, pero sin olvidar lo que Benedicto XVI dijo a los Directores Nacionales de las OMP en mayo de este año: la 'missio ad gentes' constituye el paradigma de toda la acción apostólica de la Iglesia”.

La iniciativa sigue estando en el amor de Dios a los hombres. En el interior de cada uno hay la “nostalgia” de Dios. Por eso la actividad misionera de la Iglesia no es una imposición, sino una proposición para despertar en los que aún no le conocen el deseo de entrar en relación con Él. Lo expresan como lo hicieron aquellos griegos que manifiestan a Felipe “queremos ver a Jesús” (Jn 12,21). En esta búsqueda de Dios se encuentra la respuesta del misionero que lleva a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a la fe. Porta fidei evoca la experiencia de San Agustín “cuya vida fue una búsqueda continua de la belleza de la fe hasta que su corazón encontró descanso en Dios”.

Año de la Fe es una nueva gracia para el crecimiento en este don de Dios. En el caso de los creyentes por el hecho de entregarla y hacerla crecer en los otros: “La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo”. En el caso de los alejados despertando en ellos el reencuentro con Jesucristo y la Iglesia: “la fe sólo crece y se fortalece creyendo”.

Este don de Dios tiene la piedra de toque de su autenticidad en la caridad: “La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino”. El compromiso misionero asegura y garantiza esta unidad de fe y caridad.


D. Anastasio Gil García
Director Nacional de Obras Misionales Pontificias España

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