27 de marzo de 2013

Que no caiga la fe

Pablo A. Prieto, misionero canario en Nicaragua, nos comparte su nueva entrada en su blog "Puente Atlántico"

Que no caiga la fe, que no caiga la esperanza… Así cantábamos con mis amigas las dominicas en la Pascua de la parroquia de san Antonio Abad en Tamaraceite hace unos cuantos años mientras agotaba mis últimos años de formación en el seminario.
Extraída del Facebook de Pablo

Aquí no se rinde nadie, no se rinde la flor, no se rinde la aurora, no se rinde el acero, no se rinde el amor… cantábamos antes, en la Pascua de la parroquia de san Isidro labrador en La Pardilla, mientras pasábamos personalmente por la pila bautismal a renovar nuestra fe. Así se las enseñaba yo también a las familias participantes de la pascua familiar en la finca de las dominicas en Valladolid el año pasado, a pocos días antes de venirme a Nicaragua.

Aunque vengan vientos contrarios no dar ni un paso atrás… dice la Madre Paulina, fundadora de la Congregación de las Hermanitas de la Inmaculada Concepción, con quienes ahora comparto vida y misión en esta parroquia de san Martín de Porres en Nueva Guinea, Nicaragua.

 Ahí en ese lado del Puente Atlántico que nos une, sé que hay muchos motivos para rendirse, para recular o para perder la fe y la esperanza. Sí sienten esa tentación, no se preocupen, son humanos. Pero más humano es no tirar la toalla. En este lado del Puente Atlántico, la gente también se desanima, y con frecuencia. Pero tras unos pasos atrás, suelen tener la capacidad de volver a retomar el paso. Da igual que la distancia entre sitio y sitio sea de varias horas en mula por medio de la selva y pasadas lodosas. Da igual que no llegue la luz eléctrica, no haya señal telefónica o agua corriente. Da igual que el centro de salud o la escuela más cercanos no permitan el acceso a la mayoría. La gente siempre te recibe con una sonrisa y un abrazo, con un vaso de zumo de frutas frescas en la mano y una total disposición a servir. Pueden desanimarse, pero el acero de los machetes vuelven a volar la maleza ante la bestia para que el misionero siga avanzando, y la flor, la aurora, las personas y el amor no se rinden. No se da un paso atrás y, aunque se caiga la carga de la bestia, o a veces hasta el torpe jinete, no se cae la esperanza ni la fe. Lo pequeño, es motivo de alegría grande, y con el día a día el Reino de Dios, con frutos de desarrollo humano integral, avanza más que los vientos contrarios, que no deja de haberlos.

¡Feliz Pascua, herman@s! ¡Que su Luz nos envuelva y acaricie para una cosecha de Pura Vida!  

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