13 de mayo de 2013

Isabel Ríos, comparte su experiencia de verano en Benín

Me llamo Isabel y el verano pasado tuve la gran fortuna de formar parte del equipo de 21 voluntarios que participamos en el sexto viaje de cooperación y solidaridad organizado por FUNDEBE a Benín.
Aterrizamos en Cotonou el 11 de agosto de madrugada y, tras un intenso día de recados y un viaje eterno de 12 horas de autobús, llegamos a Nikki, un pueblo en el norte, donde FUNDEBE está desarrollando un centro de enseñanza de Secundaria y Bachillerato. En septiembre de 2011 se inauguró el primer edificio y, cuando llegamos nosotros en pleno verano, el colegio seguía lleno de niños y niñas con ganas de aprender durante el curso de vacaciones. En las dos primeras semanas, nos dedicamos a dar clase de inglés, informática y sobre todo español. A pesar de haber estado preparando el viaje con mucha ilusión durante meses, nos sentimos sobrecogidos con la alegría contagiosa, el interés constante y la rapidez de aprendizaje de los niños del colegio. Dar clases no fue siempre fácil, no os podéis imaginar lo difícil que es explicar las cuatro estaciones del año a unos niños que solo han conocido dos, la seca y la de lluvia, o describir lo que es la pizza en un país donde no hay hornos. Pero los niños mostraban interés y en solo unos días nos saludaban con un "¡Buenos días!" cuando llegábamos por la mañana, y les oíamos cantando por las esquinas la canción de la tetera que tanto les gustó.
Nuestra rutina era bastante intensa: dábamos clase por la mañana y por la tarde, siempre con una misa diaria. Y combinábamos nuestra misión de voluntariado con la oportunidad de conocer el pueblo de Nikki y sus alrededores. Así, nos recibieron el alcalde del pueblo y el rey de Nikki. Conocimos también a un misionero madrileño que lleva más de 20 años en Benín y visitamos a unas religiosas que desarrollan una labor admirable, atendiendo a niños desnutridos, enseñando a sus madres cómo darles un mejor cuidado, y educando a los habitantes de la zona.
Tras dos semanas que culminaron con una fiesta de despedida en el colegio, regresamos al sur del país. En Cotonou nos quedamos una semana más, ofreciendo nuestra ayuda en un orfanato de las Misioneras de la Caridad que Benedicto XVI visitó durante su viaje a Benín. Aquí los niños no necesitaban que compartiéramos con ellos nuestros conocimientos, sino nuestro cariño. Les dábamos de comer, les llevábamos a caballito, les cogíamos en brazos... cualquier muestra de atención era suficiente para que sonrieran. El orfanato, como se anunciaba a la entrada, era un lugar de paz y alegría... 

Para seguir leyendo, Isabel Ríos en Benín.pdf
Supegesto nº 110 - Mayo-Agosto 2013

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