11 de febrero de 2014

Pablo Prieto, vuelta a empezar

Vuelta a empezar…
Nueva Guinea, 10 de febrero de 2014.

Son las 7 de la mañana, acabo de dejar a Chepe en el mercado para agarrar la ruta que lo llevará al Verdún, y de allí en bestia al Almacén, donde inaugura este año su primera vuelta de giras. A sus casi 74 años, enfundado en un pantalón de capote y unas botas de hule, con la gorra cachucha calada hasta las orejas y el mochilón a cuestas, nuestro viejito sale a la misión. De vuelta a la oficina, mientras tomo un café para espabilarme, casi medio millar de chaval@s de entre 6 y 17 años forman en filas ordenadas en el patio, vestidos con el uniforme escolar, en su primer día de clases, cuadrados ante la bicolor bandera nacional y el cuadro directivo del colegio La Salle – Nueva Guinea, nuestro colegio parroquial, símbolo de excelencia educativa y austera gestión en todo nuestro incipiente municipio. Desde aquí, oigo al director Santos y a Mariano como coordinador del equipo parroquial, dirigirse a ell@s, alentándoles al estudio y la convivencia. Así es. La sociedad nica, tremendamente protocolaria para los actos oficiales se despereza del descanso de dos meses y retorna a la actividad en el nuevo año, que aquí no va de septiembre a junio, sino de febrero a noviembre.
Pasadas ya las asambleas de la vicaría sur, de la parroquia toda y de la ciudad, a mí sólo me resta la de los jóvenes de la parroquia esta semana, para montarme en la mulita y salir al galope por una primera vuelta de giras, que me llevará algo más lejos, a cruzar el Puente Atlántico unos dos años después para mirar tanta gente linda en su tierra, que también es la mía. En efecto, las recias y dilatadas lluvias de la larga temporada invernal (unos 2500 litros por metro cuadrado al año), van remitiendo lentamente, y el corto verano de apenas cuatro meses, es la mejor época para las giras a las comunidades de las colonias y comarcas de la montaña.
Ayer por la noche concelebraba la eucaristía con Mariano. Mientras él presidía ante una semiabarrotada “catedral” (unas 300 personas), yo pasaba la vista por toda la asamblea y sentía una gratificante sensación de familiaridad que me hacía sentir ubicado aquí como uno más. Tras casi dos años en América y ya más de uno en Nueva Guinea, empiezo a sentirme de aquí. Empiezo a relacionar a la gente con sus familias, sus lugares, sus características y sus problemáticas. Empiezo a experimentar lazos afectivos fuertes y razones para darles mi vida a toda esta gente. El “tomen y coman” de Jesús se vuelve realidad por el misterio del sacramento del orden, y le encuentro sentido a que tomen y coman mi vida. Lo difícil del desarraigo y el no sentirse de ninguna parte y de todos a la vez es encontrarle sentido a cada día. La misión, en general, supone vivir aquello que Dios le pide a Jeremías, arrancar y derribar, plantar y edificar. Cuando esto es el propio cuerpo y espíritu de uno, no es tan fácil como con edificios o equipajes. Recuerdo que después de dos años de estar en Lanzarote, regresando de las vacaciones de verano de Gran Canaria a la isla de los volcanes, mientras el binter despegaba ruidosamente, miré hacia abajo y vi alejarse mi bella islita redonda coronada por el padre Nublo, las lágrimas me brotaron a borbotones y sentí un puñal de nostalgia y vacío. No es que no amara Lanzarote, fue la barrera por la que de verdad entré en mi ahora añorada isla conejera. Así es, desarraigarse y arraigarse, eres de todos los sitios y de ninguno.
A pocos meses de ir a mi patria isleña tras el periodo más largo de haber permanecido fuera de ella en toda mi vida, siento el vértigo de pensar cómo será y siento ya el apego a este sureste tropical húmedo del caribe centroamericano y sus gentes hospitalarias y pachorrudas que me envuelven en sus problemas y alegrías regalándome más tuquitos de Reino que los que yo les doy, casi sin darse cuenta. La vida vuelve a empezar en este 2014, mientras el Puente Atlántico hoy une (al menos en mi cabeza y corazón) los bellos almendreros florecidos de mi ancestral Tejeda con las bellas llamas del bosque y corteses de la montaña nuevoguineana.

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