1 de abril de 2014

Dos Papas misioneros por vocación

Visión de futuro: Juan XXIII y las comunidades nacientes
Dos hechos relevantes de la vocación misionera del papa Juan. Por una parte, su trabajo durante cuatro años en la Obra de la Propagación de la Fe, siendo aún sacerdote: “Apenas terminada la Primera Guerra Mundial, nuestro predecesor, de venerable memoria, Benedicto XV nos llamó desde nuestra nativa diócesis a Roma, para colaborar en la Obra de la Propagación de la Fe, a la que de buen grado consagramos cuatro muy felices años de nuestra vida sacerdotal”. Por otra, su encíclica misionera Princeps Pastorum (28-11-1959; en lo sucesivo, PP), entregada a la Iglesia al año siguiente de ser elegido Papa, y a cuyo n. 1 corresponden las anteriores palabras.

Urgencia de la misión ad gentes

Al contemplar los inmensos territorios de la humanidad que aún no conocen la riqueza del Evangelio, Juan XXIII siente la urgencia de la evangelización y toma como propias las palabras que el macedonio dijo a Pablo, invitándole a “pasar a la otra orilla”: “Doquier nos apremia la urgente necesidad de procurar la salvación de las almas en la mejor forma posible; doquier surge la llamada «¡ayúdanos!» (Hch 16,9)” (PP 3). Es una invitación dirigida a todos los cristianos y comunidades, y, así, advierte en la encíclica de la tentación frecuente de atender sólo a las necesidades inmediatas de la propia diócesis o Iglesia particular: “Ninguna Iglesia local podrá expresar su vital unión con la Iglesia universal, si su clero y su pueblo se dejaran sugestionar por el espíritu particularista” que “destruyese la realidad de aquella caridad universal que es el fundamento de la Iglesia de Dios, la única y verdadera «católica»” (PP 13). ...

Artículo completo:

Juan Pablo II: Corazón abierto a las Vocaciones Nativas
Juan Pablo II encarnó de forma evidente para todos lo que él mismo señaló sobre el servicio misionero del Papa: “Como Pastor Supremo de una Iglesia enteramente misionera, él debe ser el primer misionero” (Mensaje DOMUND 1981, 2). “Me puse en viaje para visitar numerosos países, entre ellos algunos en los que Cristo es apenas conocido o donde el anuncio misionero del Evangelio resulta todavía incompleto. Mis viajes a América Latina, África y Asia han tenido una finalidad eminentemente religiosa y misionera”; porque, añadía, “he querido anunciar yo mismo el Evangelio” (ibíd.).
El Papa de Redemptoris missio tenía conocimiento directo de la rica realidad de las vocaciones surgidas en los territorios de misión. En su Carta apostólica con ocasión del centenario de la Obra de San Pedro Apóstol (1-101989), dice: “Durante mis visitas pastorales a las Iglesias locales, es para mí motivo de alegría reunirme con los sacerdotes y seminaristas, los religiosos y las religiosas provenientes de estas comunidades” (n. 1). Vamos a asomarnos a su Magisterio sobre estas vocaciones nativas y sobre la Obra Pontificia que vela por ellas, sirviéndonos esencialmente de dicha carta apostólica...

Una Obra en marcha
“Es preciso cultivar, consolidar y formar las vocaciones suscitadas por Dios” (n. 5). Sin embargo, las acuciantes necesidades de los territorios de misión hacen que sus seminarios y casas de formación para la vida religiosa dependan de la solidaridad eclesial: “El crecimiento del clero autóctono podría detenerse a causa de la insuficiencia de los recursos disponibles. [...] Más de una diócesis hoy día correría el peligro de ver reducida su esperanza de contar con un clero autóctono, si no gozara de la ayuda aportada por la Obra de San Pedro Apóstol” (n. 5).
Aquí entra, en efecto, esta Obra, puesta en marcha en 1889 por Juana Bigard y su madre, Estefanía, para promover las vocaciones nativas y sostener sus centros de formación. La cooperación material y espiritual de los fieles a través de esta hermosa iniciativa ha producido “frutos sazonados de evangelización y de santidad” (n. 2): “¡Cuántos sacerdotes, religiosos y religiosas han tenido, gracias a esta Obra, la alegría de seguir su vocación!” (n. 1). Siendo tan importante y necesaria la ayuda económica, Juan Pablo II pone de relieve la dimensión de espiritualidad misionera asociada irrenunciablemente a este carisma eclesial, al referirse a la necesidad de orar con insistencia a “María, Reina de los Apóstoles” (n. 6); de encomendar esta causa a la Patrona de la Obra, Santa Teresa del Niño Jesús, y profundizar en su testimonio (n. 4); y de volver sobre la figura de las fundadoras (n. 3). ...

Artículo completo:

No hay comentarios :

 
Copyright © 2016 Misiones Canarias
DELEGACIÓN DIOCESANA DE MISIONES Y O.M.P | DIÓCESIS DE CANARIAS