19 de octubre de 2014

Jornada Mundial de las Misiones

Hoy celebramos la Jornada Mundial de las Misiones
1) Para saber
Este tercer domingo de octubre se celebra, como cada año, la Jornada Mundial de las Misiones.
El papa Francisco, como todos los años, envió un mensaje en el cual afirma que hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo, y por eso es tan urgente la misión apostólica, en la que todos los miembros de la Iglesia están llamados a participar, ya que la Iglesia es misionera por naturaleza. Por ello esta Jornada es un momento privilegiado para que todos los fieles se comprometan en su sentido apostólico.
2) Para pensar
Esta Jornada ha de revivir el afán apostólico por llevar el mensaje de Cristo a todos aquellos que no lo conocen. Ciertamente hay regiones en el mundo en que se desconoce a Jesús y es preciso colaborar con oraciones y gestos concretos de solidaridad.
Pero también necesario dar a conocer al verdadero Cristo, en el propio ambiente, pues muchas veces no se le conoce bien. Además, llevar a Cristo es proporcionar alegría a la vida de cada uno.
«La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 1).
El evangelista cuenta que después de que el Señor envió a sus discípulos para proclamar el Reino de Dios, volvieron llenos de alegría.
 3) Para vivir
En aquella hora, Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: “Te doy gracias, Padre… porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las ha revelado a los pequeños” (cf. Lc 10,21).¿Quiénes son esos “sabios e inteligentes”? Dice el Papa que son aquellos que pretenden saberlo todo. No solo se refiere a aquellos fariseos que rechazaron a Jesús, sino a los que hoy están demasiado llenos de sí mismos, cegados por su propia presunción y no dejan espacio a Dios. Pretenden incluso saber más que Dios. No es que así lo afirmen, pero ponen en duda o niegan la forma en que el Señor ha dispuesto para salvarnos. No es raro escuchar decir a algunos: “yo me confieso directamente con Dios, no necesito la confesión”, o también, “yo no voy a Misa los domingos, sino cuando me nace”, o “a mí me parece que esto no es pecado”, u otras opiniones por el estilo. De esa forma se cierran a la verdad mostrada por el Señor.
En cambio, los “pequeños” son los humildes, los sencillos, los pobres, los marginados, los que están cansados y oprimidos… Se puede pensar fácilmente en María, en José, en los pescadores de Galilea…, y los que hoy aceptan a Cristo en sus vidas. A ellos se les ha concedido experimentar el amor de Dios, e incluso la posibilidad de compartirlo.
Jesús se regocija, porque el Padre ha decidido amar a los hombres. Un júbilo similar al de María: «mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador” (Lc 1,47). Se trata de la Buena Noticia que conduce a la salvación. La Virgen María, al traernos a Jesús, se ha convertido en “Causa de nuestra alegría”. 
Terminaba el Papa invitándonos a sumergirnos en la alegría del Evangelio y a nutrir un amor que ilumine nuestra vocación y misión.
Pbro. José Martínez Colín

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