2 de octubre de 2014

Renace la Alegría en Mozambique

Con Manolín renace la alegría. Desde Mozambique nos comparte la alegría de quienes son buena noticia.

A los misioneros y misioneras siempre nos resulta difícil describir lo que vivimos, porque no es fácil mostrar las dos caras de la misma moneda, o se ve una o se ve la otra. En la misión vemos las dos: la pobreza extrema y la alegría desbordante.



Cuando leí este lema “RENACE LA ALEGRÍA”  me asaltaron las ganas de sentarme a escribir sobre las diferentes alegrías que renacen en África. En realidad son alegrías incontables, pero voy a compartir algunas que me resultan más significativas.

La primera Alegría es la Vida, todas las vidas y la vida toda. En Mozambique se celebra la vida desde su nacimiento, un ejemplo es el rito del Kuhumesa N’wana, en el que se presenta al bebé recién nacido con una danza llena de ritmo y juegos que invitan a reír. Los niños y niñas son el futuro de África, de la familia africana ellos y ellas son el mayor tesoro.
La segunda Alegría es el Encuentro. El mozambiqueño disfruta con una visita, le gusta “perder el tiempo” con quien llega aunque sea a destiempo o sin invitación. Hace pocos días estuve en un entierro y se presentó un señor a quien nadie conocía para comer. El viudo fue el primero en decir que le sirvieran su comida, que sólo el hecho de venir ya era de agradecer.
La tercera Alegría que renace cada día es la Familia. Ayer mismo estuve en un pueblo haciendo visitas familiares y nos quedamos allí. Fue muy hermoso ver cómo las familias estaban unidas. Sentirse parte de una familia es lo que les da identidad. Pero además se sienten familia de un pueblo, y no sólo de quienes viven bajo el mismo techo. Esto también les ayuda a vivir la Iglesia como Familia.
La cuarta Alegría que da sentido es la Fe. Nunca conocí a nadie con tanta fe. Y lo más bonito, una fe agradecida. Se dirigen a Dios como Padre, como Madre y como Abuela, es decir como quien está preocupado de verdad por sus hijos. Le dan gracias a todas horas y por cualquier motivo. A quienes somos de otra cultura nos impresiona el que nunca oímos: “¿Por qué Dios me hizo esto? ¿Por qué Dios nos abandonó?” Este pueblo fortalece mi fe débil ante las injusticias, ante el dolor y la muerte.
Y lo curioso es que de verdad cada día en este pueblo “Renace la Alegría”, y en su renacer nos renueva por dentro y nos enriquece a quienes hemos perdido la alegría de vivir, de encontrarnos, de ser familia o de creer. A quien lo desee experimentar le invito a que haga la experiencia de dar el salto misionero, y que se abra a otros modos de ser, de pensar, de sentir, de amar… Les invito a quienes tienen el gusanillo misionero, sobre todo a los jóvenes, a que no teman entregar sus vidas a la misión, al Dios de la Alegría, al Dios de los Pobres y a los Pobres de Yaweh. 
Desde Mozambique, renaciendo a la alegría… Manolín

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