6 de abril de 2015

Vocaciones Nativas... en camino

La mencionada coincidencia de la Jornada de Vocaciones Nativas con el día en que la Iglesia universal es convocada a orar por las vocaciones es un signo más de la intrínseca relación entre vocación y misión

Misioneras, vocaciones nativas

Son las laicas francesas Juana Bigard y su madre, Estefanía, quienes, a finales del siglo XIX, se ponen en movimiento con el fin de promover las ayudas necesarias para las vocaciones que inician su singladura en los ámbitos misioneros, dando origen a una iniciativa, la Obra de San Pedro Apóstol, que más tarde, en 1922, alcanzaría su condición de “Pontificia”. Habían intuido que la formación de las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada sería garantía para la expansión del Evangelio.

Desde el principio ambas advirtieron que se requería, con prioridad, dotar a estos ámbitos misioneros de una fuerte consistencia espiritual, enraizada en la adhesión al Evangelio en la persona de Jesucristo. Con este anclaje se aseguraba que las vocaciones allí surgidas y formadas llevaran en su entraña la certeza de que eran llamadas no solo a atender a las comunidades de las que habían salido, sino al mundo entero, como los apóstoles. La vocación-misión, como testimonio del amor divino, resulta especialmente eficaz cuando se comparte “para que el mundo crea” (Jn 17,21). Por eso, la súplica al Dueño de la mies para que suscite vocaciones no es para “abastecer” las necesidades próximas e inmediatas de las urgencias pastorales domésticas, sino para su disponibilidad a salir de sus límites e ir a donde la Iglesia lo necesite. Dios sigue rompiendo esquemas, llamando a los que quiere y en las Dios sigue rompiendo esquemas, llamando a los que quiere y en las circunstancias menos previsibles, como es el caso de estas que llamamos vocaciones nativas. Cuando parece que se carece de recursos materiales y de las posibilidades de formación adecuadas, surge la llamada a entregar la vida al servicio los más pequeños, de los enfermos, de los que sufren, de los pobres. La llamada-respuesta es el inicio de un largo itinerario para el discernimiento y la formación en el mismo ámbito cultural y social donde esas vocaciones nacieron. Más tarde la Iglesia, según viene siendo desde el principio, les irá enviando a otros lugares, para entregar gratis lo que de modo gratuito han recibido. Su testimonio de vida puede impulsar a muchos jóvenes a seguir a Cristo y a dar su vida por los demás, encontrando así la vida verdadera. 

A ellos se suman muchos hombres y mujeres que, movidos por la acción del Espíritu Santo, han escogido vivir el Evangelio con radicalidad, haciendo profesión de castidad, pobreza y obediencia. Religiosos y religiosas de vida activa o contemplativa, que, con su oración perseverante por toda la humanidad o con su multiforme acción caritativa, dan a todos el testimonio vivo del amor y de la misericordia de Dios. “Ellos son, por excelencia”, decía Pablo VI , “voluntarios y libres para abandonar todo y lanzarse a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. [...] Se les encuentra no raras veces en la vanguardia de la misión y afrontando los más grandes riesgos para su salud y su propia vida. Sí, en verdad, la Iglesia les debe muchísimo” ( Evangelii nuntiandi, 69).

Las vocaciones que nacen en el surco de la misión son una invitación permanente para que los bautizados y las comunidades cristianas sientan la urgencia, tanto del agradecimiento a Dios por seguir suscitando esas vocaciones en los lugares y momentos más insospechados, como del compromiso para contribuir a que ninguna se pierda por carecer de medios para su formación. De un modo especial, la Jornada vocacional del próximo 26 de abril abre nuevos horizontes para que el Pueblo de Dios manifieste su gratitud por el don de la vocación de especial consagración y sea muy solícito para caminar a su lado, ayudando con la oración y la cooperación.

D. Anastasio Gil
Director OMP en España

No hay comentarios :

 
Copyright © 2016 Misiones Canarias
DELEGACIÓN DIOCESANA DE MISIONES Y O.M.P | DIÓCESIS DE CANARIAS