14 de octubre de 2015

Misericordia ante una guerra

Misioneros de la Misericordia. "A pesar del sufrimiento, la fe te lleva a seguir comprometido e implicado con la gente" José J. Parladé.


Foto: Mundo Negro
José Javier Parladé, misionero comboniano. Durante diez días ha dejado Yirol, su centro de operaciones en Sudán del Sur, para desplazarse hasta Billing, unos kilómetros al oeste del país, con el fin de formar a quienes acompañan a las comunidades cristianas y se han de convertir en una herramienta para trabajar por la paz en una nación que, lamentablemente, se ha acostumbrado a vivir en un estado de guerra permanente. “Llevo 45 años aquí –explica este sevillano de 73 años– y he visto cómo una guerra daba paso a la siguiente. Una termina y empieza la otra. Esto ha generado unas heridas enormes en la población, porque, poco a poco, la violencia va empapando la mentalidad de las personas y la venganza se convierte en una respuesta casi natural. Hacer frente a esta tendencia a golpe de misericordia no es tarea fácil, ya que, aunque tú hayas tratado de concienciar a la gente, cuando menos te lo esperas, salta la chispa”. 

A pesar de que el conflicto armado se haya convertido en la enfermedad crónica que parece sepultar el futuro de Sudán del Sur, José Javier Parladé no se rinde. “Es cierto que, cuando sufres por primera vez la guerra, te rebelas hasta tal punto que te acabas desilusionando y agotando al verte incapaz de asimilar y comprender tanto sufrimiento. Pero desde la fe comienzas poco a poco a digerirlo y a curar las heridas que esta lucha fratricida genera en ti como misionero, y te lleva a seguir comprometido e implicado con la gente”. Esta dura realidad no reduce, de hecho, su compromiso con los pueblos a los que acompaña, ni su voz de denuncia: “Con esta última guerra estoy especialmente preocupado. Los anteriores enfrentamientos venían producidos por luchas tribales, entre quienes se consideraban superiores frente a los esclavos. Sin embargo, ahora son los propios hermanos los que se enfrentan por el poder. Esto ha hecho que se rompieran las pocas reglas del juego que pueden existir en una guerra y que el conflicto haya sido más sangriento que nunca”.

En medio de tanto dolor, el propio sacerdote reconoce, sin embargo, que hay signos de esperanza. “Hace poco me informaron de que un grupo de soldados había atravesado el Nilo para robar el ganado a unos campesinos, asesinando a los ocho hombres que lo cuidaban. A los pocos días de este suceso, llegaron a ese mismo poblado decenas de exiliados de la misma tribu que los soldados. Cogí el coche y me fui a todo gas para buscarles asilo e intentar evitar que los apalearan tras todo lo ocurrido. Mi sorpresa fue mayúscula cuando llegué y me topé con que todas las familias estaban acogidas como uno más, sin importarles a unos y a otros lo que había ocurrido semanas antes”.

Aunque Yirol no ha sido el epicentro de los enfrentamientos, este misionero mantiene que “dentro de la misión se refleja esta tensión”. José Javier Parladé está al frente de la parroquia; en total son cinco combonianos, cuatro sacerdotes y un hermano. Los primeros se responsabilizan de las labores pastorales de las 54 capillas que la conforman, mientras que el hermano está centrado en sacar adelante la escuela, donde ya han logrado dar una educación digna a más de 5.000 niños de la región: “Vivimos al otro lado del Nilo, y eso hace que suframos las consecuencias del conflicto de forma periférica. Por ejemplo, nuestras tierras se están convirtiendo en zona de acogida para los refugiados. El éxodo está siendo tan repentino que, de un día para otro, nos hemos encontrado a millares de personas bajo los árboles del bosque, sin cobijo ni alimento”. Es en esas caras y en esas miradas, donde el P. Parladé se topa con el rostro de Jesús misericordia: “No puedo borrar de mi mente a la mujer a quien acogimos el otro día que me contaba cómo en un momento de la huida perdió de vista a su marido. Él iba de la mano con dos de sus hijos, y ella, con los otros dos. Hoy por hoy no saben siquiera dónde está cada uno. Ella, además, en plena carrera, fue víctima de un disparo de la guerrilla que le atravesó el rostro. Solo el llanto de sus hijos le dio fuerzas para levantarse y poder llegar hasta nosotros con la bala dentro”.  

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