17 de mayo de 2016

Desde la misión

La sección "Desde la misión" de la revista Supergesto nº 125 nos trae un hermoso testimonio, desde Etiopía, de un misionero guipuzcoano, que nos dice "Si Jesús sigue siendo necesario, lo sigue siendo el misionero". 


Ángel Olaban - Abba Malaku, como es conocido allí, "Mi Ángel" es un misionero que lleva 40 años en África, los útlimos 23 en Wukko, al norte de Etiopía, un país con 80 millones de habitantes, marcado por el dolor de la guerra, el hambre, la enfermedad. Trabajó durante cuatro o cinco años en un banco, hasta que llegó a él el mundo de las misiones. Se puso en contacto entonces con los Misioneros de África, y se ordena con 23 años, después del servicio militar. Desde entonces, consagra su vida a un único objetivo: lograr que los más pobres, los que no tienen voz, sean la voz de la Iglesia.

Después de tantos años en África, ¿es igual de necesario el misionero?
Si Jesús sigue siendo necesario, lo sigue siendo el misionero. Si el Evangelio es una Palabra de paz, unidad, armonía, servicio, amor, perdón, reconciliación..., el misionero sigue siendo necesario. En la sociedad que aquí nos acoge, la presencia del misionero es respetada, diría que querida, como la de una persona a la que se puede acudir en cualquier circunstancia. Por otra parte Jesús sigue enviando misioneros.

¿Para curar el hambre o el alma?
Los misioneros son un testimonio de la presencia de Jesús. Jesús alimentó, curó... como dice el papa Francisco, los pastores tienen que "oler a ganado", tienen que compartir vida e ilusiones con los más necesitados, con los que Jesús se identificó de manera total. Si el misionero se siente pastor, tiene que "oler a ganado". La persona es cuerpo y alma, se trata de servirla en su unidad. El hambre denigra, humilla a la persona; pero aun en estas circunstancias los pobres son capaces de mantener la dignidad. ¿Dónde está la frontera entre cuerpo y alma? Jesús salvo cuerpos y almas. No se puede comprender el Evangelio sin una dimensión social. No se puede celebrar la eucaristía sin un compromiso social hacia los abusados.

¿Cómo es un día de Ángel Olaran?
No tengo dos iguales. Vivo al margen de la monotonía. Mi día comienza hacia las 6 de la mañana, seguido por un rato de meditación y la celebración de la eucaristía. Comparto casa con dos sacerdotes diocesanos y algunos voluntarios, personas que comparten con nosotros sus inquietudes más íntimas, su cariño hacia los más necesitados. Dependiendo de la situación del momento después de desayuno, valoramos trabajos de reforestación, alimentación de niños malnutridos, madres cabeza de familia, enfermos que no pueden acudir  a los hospitales por carencias de medios económicos; prestamos servicios en el hospital, la cárcel, el departamento de aguas de la ciudad... 
Soy el director de una escuela de formación profesional de 750 alumno, me hago cargo del servido que atiende a 650 huérfanos, 250 ancianos... al cabo del día llegan un buen número de personas con sus problemas personales. Hacia las 6 pm. paso una hora con los huérfanos que vienen a nuestra casa a hacer sus deberes y a jugar un rato. Hacia las 10 pm, después de haber pasado un rato en oración, en el que quiero pensar que Jesús me invita a pasarlo con Él, tengo mi segunda siesta, de una hora, y hacia las 2 am. me retiro a descansar. Estas dos o tres horas de la noche son las más tranquilas.

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