7 de julio de 2016

La misión me cambió el corazón

A Bárbara su #veranomisión le cambió el corazón.



Me llamo Bárbara, soy de Tenerife y adoro la idea de que yo también formo parte de África. Creo que Dios puso en mi camino muchas personas y factores que me hicieron amar África y con ella descubrir la misión. Cuando Dios se hizo presente en mi vida con más fuerza la idea de salir a "misionear" se apoderó de mí. Hace dos veranos pude hacer realidad eso que sentía que Dios me pedía que hiciera, pude irme un mes a Burundi. No diría que eso me cambió la vida, siento que Dios cambió mi vida pero con la misión me cambió el corazón. Recuerdo con cariño un misionero que gritaba sonriendo a la gente al pasar "pedacitos de humanidad". Esos pedacitos de humanidad me tocaron el corazón, me han hecho ver la vida de otra manera y los hice parte de mi vida. Al volver a casa, tus esquemas están cambiados y otra realidad pasa a ser tuya también. Todo esto hace que no puedas estar quieto, necesitas estar conectado con la misión, hacer algo, y sobre todo, no dejar de orar. Siento que si te tocan el corazón de esta manera ya no puedes mirar hacia otro lado. Dios enamora de tantas formas… 

El verano pasado, pude irme a Marruecos y compartir mi tiempo con inmigrantes. Fue una experiencia de las de abrir la mente y con ello abrir más el corazón. Si hay algo que me quedó claro durante ese tiempo, y a partir de él, es que para Dios somos especiales todos y cada uno de nosotros y que no debemos dejar que ninguno de esos seres especiales esté en peores condiciones que otro.

Compartir lo vivido es hacerlo parte de los demás también. Formo parte de un grupo de animación misionera. Después de estas experiencias se ha afianzado más nuestro amor por la misión y las ganas de contagiar a otros de este amor. 

Yo ya era una persona comprometida con la Iglesia, soy catequista y además animo a un grupo de jóvenes a no alejarse de Jesucristo, pues es el único que nos puede hacer felices de verdad. Con las experiencias misioneras ese amor de Dios que ya sentía ha quedado aun más reforzado y siento que ahora el compromiso es aún mayor.

Creo que uso mucho la palabra corazón, pero es que al final es ahí donde vive Dios, donde se le siente, desde donde nos mueve. Y es que Dios es amor y el amor se siente en el corazón. El mundo cambia cuando nos amamos, el mundo cambia cuando somos hermanos. Doy gracias a Dios por haberme hecho entender esto "misioneando".

Bárbara  Méndez  Pérez 
GAMIR  de  Savia  Nueva 
Misiones  Tenerife

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