13 de mayo de 2009

Nacer de nuevo

Lucía es una niña de unos 3 años natural de Randinho (Murraça-Sofala). Sus ojos parecen que quieren comérselo todo. Está gordita y feliz, y lo demuestra con su amplia sonrisa y su capacidad siempre nueva para la alegría y el juego. Desde que la conocí, la llamé "la niña más feliz del mundo", y es que no es para menos. En ella he puesto mis ojos para aprender a nacer de nuevo.

Randinho tiene poquitos habitantes y muy dispersos. Allí se respira aire puro, paz y armonía con la naturaleza. Lucía en su pueblo carece de escuela primaria completa, de luz eléctrica, de agua canalizada, aunque tiene un pequeño puesto de salud. Ella vive ajena a todos los problmeas de su país y de su familia, ella simplemente juega y vive feliz.

Con Lucía compartí un mes de mi vida. Un mes hermoso, de los nueve que llevo en Mozambique, y entre nosotros se creó una relación muy especial. A Lucía le gustaba venir a jugar conmigo, o simplemente jugar frente a mi pallota. También iba de vez en cuando a mirarse en la chapa del coche a modo de espejo.

La mejor amiga de Lucía se llama Nesi, que tiene unos 8 años. Nesi la cuida como si fuese su hija: la lleva a todas partes, juega con ella, se pelean y se reconcilian en 2 minutos, me visitan juntas, ríen, bailan y cantan simulando que están pilando mapira. Lucía me está enseñando a mirar todo con ojos nuevos, sin prejuicios, con cariño. Nesi y Lucía me dan clases de cultura cuando vienen a saludar y se arrodillan, como hacen las mujeres adultas. Para ellas, todo es un juego, y para mí todo es un tesoro. Lucía me dió un abrazo que nunca olvidaré. Niñas y niños huyen de mí por ser blanco, e incluso lloran. Lucía, después de unas semanas de amistad, me vió a lo lejos y vino corriendo para que la abrazase. Me llegó al alma tanta ternura, y me sentí como el hijo pródigo abrazado por el Padre bueno.

Aquí están contenidas todas mis vivencias de estos 9 meses. De momento, lo único que sé es que la Evangelización es cuestión de Amistad. Deseo de corazón ser amigo de Lucía y de Inés, de Sete y de Gilberto, del pe. Abílio y del pe. Bernardo, de Pepe y de Antonio, y de todos los pequeños y débiles, y de los que luchan y sueñan. Una amistad como la de Lucía e Inés, capaz de jugar y construir, capaz de abrazar y bailar.

Nacer de nuevo no es tarea fácil, sin embargo es la sensación que tengo desde que llegué a Mozambique. Descubro como estoy naciendo a nuevas amistades, a nuevas realidades, a nuevos sueños... Imagino que al mismo tiempo debo comenzar a morir de todo lo viejo, y podar todo lo que sobra, para que esta nueva vida renazca dentro de mí cual "mi amiga Lucía"

Manuel de los Reyes Ramírez Medina Misionero canario en Mozambique.
Para la revista "Iglesia al día"

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