2 de junio de 2009

Ser misionero en África

Me encanta ser misionero en Mozambique. Aquí los niños y las niñas desde que terminan las clases, juegan con total libertad. Las familias tienen tiempo para conversar a la luz de la hoguera, o sentados debajo de un árbol. Nadie tiene prisas cuando se encuentra con un amigo, y hasta es normal que cambie los planes para estar con él. Ayer mismo me pasó eso. Se me pinchó una rueda y un vecino que pasaba me ayudó a cambiarla y luego me acompañó al pueblo para arreglar los pinchazos y llenar las que estaban vacías. Regresamos al atardecer. Ser misionero es saber hacer amigos y valorar la amistad como un regalo precioso.

Cuando visito las comunidades siempre me encuentro mucho dolor: personas que se están muriendo y con enfermedades horribles, sin embargo siempre te ponen la mejor silla que tienen en casa para que te sientes a la sombra. Si no tienen una buena silla, se la piden al vecino, y ellos se sientan en esteras en el suelo. Cuando acaba la conversación siempre te dan alguna cosa: dos piñas, unos tomates, cebolla, un pepino… Y yo sé que no tienen mucho más, quizá eso era todo lo que tenían. Ser misionero es saber acoger y compartir con el otro, todo lo que eres y todo lo que tienes.

Anoche oí risas y fiestas en la parte trasera de mi casa. Era mi amigo Samuel. Hoy me lo encontré con Sanson y continuaba riéndose y jugando. Ser misionero es alegrarte con quien está alegre, y sufrir con el que sufre. El pueblo africano sufre, pero es alegre y sonríe a la vida. Ser misionero es dejarte contagiar por la alegría natural de África y transmitirla a todos. Incluso hay que aprender a reírse de uno mismo, como cuando le dije a un niño en changana: “I xinkwa”, y él me respondió “Não, é pão” (No, es pan). Yo pensaba que él sólo hablaba changana y él me respondió en portugués, seguramente porque no me entendió. O el domingo, durante las visitas en el Hospital de Sábiè al despedirme de un enfermo le dije: “A a swidjanpswi”, y tenía que decir “A swidjanpswi”. La primera expresión significa “No está mejorando”, y la segunda “Que se mejore”. Quienes iban conmigo casi se parten de la risa, porque la diferencia está sólo en una “a”, después me dediqué a decirles a todos “Que no se mejorasen” y continuamos la fiesta.

Ayer comí carne de elefante porque entre Baptine y Matukwanyane tuvieron que matar uno que estaba destrozándolo todo y no lo podían controlar. Son una amenaza para la población porque destruyen las casas, los cultivos, etc… Jesús andaba por allí y fue con toda la población a coger un poco de carne. Estaba buenísima, como la carne de ternera. Ser misionero es adaptarte a una nueva cultura, derribar los muros de prejuicios y saber integrarte con inmenso respeto en tu nueva realidad.

Cada semana recibo llamadas de Gran Canaria y de Lanzarote, y también cartas y correos electrónicos que me hacen muy feliz. Y es que para mí ser misionero es sentirme enviado por todos ustedes, y saber que mi trabajo está unido al que se hace en Sardina de Gáldar, en San Isidro y en el Barrial, o en la Atalaya de Guía, o en el CP Lucía Jiménez de Ojos de Garza, o en Haría, o en CP de Tenteniguada y Valsequillo, o en el CP Carlos Socas Muñoz del Ingenio, o en Fuerteventura….



Manuel de los Reyes Ramírez Medina,

Sacerdote Diocesano en Mozambique

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