26 de mayo de 2020

Testimonio misionero en tiempos de Covid-19

En las situaciones más difíciles, como esta pandemia, los misioneros siguen siendo testimonio vivo del Evangelio. A pesar del confinamiento, de no poder salir de sus casas, las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada continúan haciendo todo lo posible para ayudar a sus hermanos de Baseco. Escucha el testimonio que María del Pino Rodríguez de Rivera, misionera canaria, muy emocionada nos ha enviado.

¡Sin duda tenemos mucho que aprender! Tanto de la entrega y generosidad de los misioneros, como de los más pobres, de los más humildes, que son los preferidos de Dios. 








Testimonio de Mapi, desde Filipinas. 


La verdad es que no está siendo nada fácil. Como en la mayoría de los países, vivimos en un estado confinamiento total, desde mediados de marzo, y todavía continúa. Mis hermanas de comunidad y yo, que somos cuatro, estamos bien gracias a Dios, aunque, incluso nosotras, hemos llegado a experimentar ‘la pobreza”, en muchos sentidos, pero también está siendo una oportunidad para experimentar una vida de más cercanía e intimidad con el Señor, en una súplica permanente, pidiéndole que tenga misericordia de su Pueblo, del mundo entero. En medio de tanto sufrimiento, y aunque humanamente se escape a nuestro entendimiento, Él se hace presente de mil maneras, y estamos viendo y escuchando muchos testimonios que lo confirman.

Aquí, en Manila, la situación de nuestros hermanos más pobres está siendo muy complicada. concretamente nuestros hermanos de la Misión, en Baseco, empiezan a ver extremada su pobreza. Reciben algunas ayudas del Gobierno y de Cáritas, pero son tantos, que a pesar de las ayudas, no se llega a todos, y hay que priorizar. Ante esta situación, nosotras, como misioneras, sentimos mucha impotencia, al no poder desplazarnos con libertad a los lugares más necesitados, por las medidas de seguridad y de prudencia marcadas por el Gobierno, y que, como todos los ciudadanos, debemos obedecer con responsabilidad. Esto nos empuja a buscar otros medios, a ser más creativas para buscar otras maneras de ayudar, que no requieran el desplazamiento físico. Es muy duro no poder acompañar a nuestros hermanos en estos momentos, pero confiamos en el Señor que todo lo puede, y, sin duda que todos saldremos más fortalecidos de esta crisis.


Quiero terminar pidiéndoles de todo corazón que recemos mucho, que oremos unos por otros. Esta crisis mundial nos hace aún más hermanos; estamos palpando la vulnerabilidad humana, que quizá cuando todo va sobre ruedas, pasa más desapercibida, pero en momentos de prueba, redescubrimos con más fuerza nuestra necesidad de Dios y de los otros. Aprovechemos este momento de la historia para amar más, para ayudar más, para dar importancia a “las cosas realmente importantes”, para orar más.

Un fuerte abrazo misionero de toda mi comunidad. Mapi.




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